"Tierra de ollas: Entre el trabajo y la resilencia"
Texto y fotos: Mariana López López, Saúl Pérez Salazar, Isabel Ramírez Hernández, Guadalupe Enciso Batura
El sol comienza a despuntar en el horizonte, y ya se siente el bullicio de la comunidad de Contla. Contla significa “Tierra de Ollas” porque cuentan que años atrás hacían ollas de cantera, la cual se encontraba a orillas del río “Apulco”, en esta comunidad existen 1500 habitantes aproximadamente.
Aunque en las primeras horas de la mañana se siente la fresca, en los campos se escucha el constante trabajo de las mujeres, todos los días se preparan para enfrentar un día más de arduo trabajo.
El campo, como lo ha sido durante generaciones, sigue siendo el pilar de la vida en esta comunidad. Pero, a lo largo de los últimos años, ha comenzado a transformarse no solo en un lugar de trabajo, sino en el escenario de una lucha silenciosa por la igualdad.
Juanita Martínez Pascual, una joven de 26 años que ha crecido entre la tierra, el maíz y el frijol, actualmente le acompaña su pequeña hija Estrella, quienes se enfrentan a las exigencias de una vida campesina que ya no es la misma de antes.
La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Realmente la igualdad de género en la comunidad beneficia a las mujeres? En principio, es un avance que las mujeres estén asumiendo roles de liderazgo, como el cuidado del agua potable o la gestión de las parcelas. Pero, por otro lado, la carga de trabajo se ha vuelto más pesada para ellas, quienes deben enfrentar tareas físicamente demandantes como abrir válvulas de agua bajo el sol ardiente o realizar labores de campo todo el día mientras cuidan a sus hijos.
"Nos dicen que tenemos que ser iguales, que debemos asumir los cargos, pero muchas veces nos sentimos sobrepasadas. Además, no podemos olvidarnos de que las mujeres, en su mayoría, también tenemos la responsabilidad de cuidar de los niños, los animales y del hogar", comenta Juanita mientras observa a su hija. "Si hay algo que uno aprende en esta vida es que nunca se termina el trabajo. Siempre hay algo que hacer."
Las mujeres de Contla han sido las principales cuidadoras del hogar y el campo desde siempre. Y ahora, además, muchas se han convertido en titulares de tierras gracias a programas como Sembrando Vida, que les otorgan recursos para trabajar la tierra y obtener ingresos. Sin embargo, como menciona Juanita, este apoyo es temporal, y cuando el recurso se agote, deberán enfrentarse nuevamente a la incertidumbre. "Les hemos preguntado a los mayores, ¿qué pasará cuando se acabe el recurso de Sembrando Vida? Algunos nos dicen que, cuando se acabe, regresarán a trabajar en la ciudad o buscarán otro empleo, pero la tierra sigue siendo lo más importante", dijo Juanita.
Mientras la vida en el campo se mantiene en una constante rutina de siembra, cosecha y cuidado de los animales, también se refleja una transición en las prácticas agrícolas. "Antes, teníamos que moler el maíz a mano, o lo hacíamos con la elotera, un trabajo que nos llevaba días", cuenta Juanita, actualmente se usan herramientas modernas que facilitan el trabajo. "Gracias a la tecnología, algunas cosas han cambiado, por ejemplo, el bocashi, un fertilizante que hacemos con estiércol de los animales, nos ayuda a mejorar la cosecha, aunque también lleva mucho tiempo prepararlo, pero la recompensa es aún mejor".
Actualmente la vida campesina ha cambiado bastante, “recuerdo que había una riqueza inmensa de quelites, de herbácea, había mucha diversidad de plantas y pues ahora ya no”, ya no hay personas que quieran trabajar en el campo, ahora los jovencitos emigran a Estados Unidos, algunos regresan, otros se quedan allá. Desde que inició la revolución verde se han utilizado herbicidas o químicos que se aplican a la parcela, los campesinos han accedido a usar estos productos porque claro está que los campesinos quieren algo que funcione rápido. Hace algún tiempo la juventud estaba accediendo a la drogadicción y al alcoholismo, ahora ya es menos notorio.
La vida en la comunidad está marcada por la cooperación, pero también por las desigualdades que aún persisten. Como en muchas comunidades rurales, la carga del trabajo en el campo recae principalmente en las mujeres, quienes a menudo deben realizar sus tareas agrícolas sin descartar las labores domésticas y el cuidado de los niños. "Aquí, todo el mundo trabaja, pero las mujeres nos encargamos de todo: de la comida, de las faenas, de cuidar los niños y de los animales. Siendo sincera, a veces nos gustaría que los hombres pudieran estar más involucrados, especialmente cuando el trabajo es tan pesado".
Sin embargo, la presencia de mujeres líderes está tomando forma, y algunas, como en el caso de Juanita, han comenzado a asumir cargos comunitarios, como la gestión del agua potable, un trabajo físico y difícil, pero que, como muchas de las mujeres de Contla, han aprendido a llevar a cabo. "Es muy pesado, pero si somos iguales, también debemos estar dispuestas a hacer esas tareas. A veces no es tanto por querer hacerlo, sino porque nos toca".
Este fenómeno de igualdad en la comunidad, que se da principalmente en el ámbito de la cooperación, ha creado tensiones y reflexiones sobre el balance entre la carga laboral y los beneficios de asumir un papel más igualitario. Para muchas mujeres, la jornada de trabajo nunca termina. "No es solo que hagas faena en el campo. Después llegas a casa, y aún tienes que preparar la comida, hacer las tortillas, lavar la ropa, cuidar a los niños. A veces, me pregunto si tenemos tiempo para descansar", dice Juanita, con una mirada cansada pero firme.
A pesar de las dificultades y los retos, hay un sentimiento de pertenencia a la comunidad que mantiene a estas mujeres de pie. El campo sigue siendo el lugar donde encuentran su propósito, aunque a veces el trabajo parece inagotable. "El campo es tranquilo, tiene su belleza, pero también su dureza. Es una vida difícil, pero a mí me gusta. Yo crecí aquí, y aunque a veces sea cansado, siempre regreso porque sé que en la tierra están mis raíces", concluye Juanita con una sonrisa que refleja tanto el cansancio como la satisfacción de una vida en equilibrio con la naturaleza y la comunidad.
Juanita desea tener un campo experimental para poder aprender nuevas cosas en cuanto a los cultivos, “Para mí ser campesina es volverte experta en las cosas que haces dentro del campo porque ya sabes en que temporada sembrar, cultivar, cosechar y así, ser campesina es saber buscar estrategias para obtener alimento”, actualmente el clima es un albur, pues ah cambiado bastante, por ejemplo en el año pasado (2023) se presentó una sequía tremenda, muchas comunidades no tenían agua, ni siquiera llovía, nosotros lo perdimos todo, no hubo cosecha y pues tuvimos que comprar muchas más cosas para alimentarnos además de alimentar a los animales.
Atrás de la casa pasa un río que se llama “Apulco”, y pues este río ha cambiado bastante, antes tenía mucha agua, en el año pasado, en los meses de sequía no tenía ni gota, cuando era pequeña acompañaba a mi mamá a lavar la ropa al río, incluso a veces nos bañaba ahí, pero actualmente está instalado el drenaje, lamentablemente todo ese drenaje llega a río y pues ya no es lo mismo, porque si la piensas antes de meterte, a algunas personas les han salido granitos. Este río es temporal, sólo cuando llueve mucho, lleva agua.
“Una de las estrategias que buscamos para obtener agua fue perforar un pozo porque supuestamente tenemos agua subterránea, y si lo encontraron, pero apenas nos dieron la noticia que no hay suficiente agua, así que ahora sólo queda subsistir con el manantial”.
El proceso de la defensa del territorio en la comunidad de Tlamanca ya tiene algunos años, Juanita nos contaba como veía que su mamá se involucraba al asistir a las reuniones en CESDER para que obtuviera información de lo que estaba pasando, ella era pequeña así que su mamá no le permitía acompañarla por la seguridad de ella y de sus hermanitos, pues no conocían las intenciones que traían las personas que llegaron de China. Este proceso dividió a la comunidad porque unos decían que el proyecto minero iba a favorecer al pueblo, pero otros decían lo contrario, se peleaban entre vecinos, incluso entre familias porque esta minería quiso prometer tantos nuevos servicios para la comunidad como lo eran; hospital, escuelas, canchas, pero las personas de acá se negaron a aceptar, así que los chinos se fueron de aquí, relataba Juanita mientras su rostro se mostraba esperanzado por aquel suceso logrado.
Reflexión
La vida en Contla, como lo refleja la historia de Juanita, es un testimonio de la complejidad y riqueza del mundo rural, donde la resiliencia emerge constantemente los retos de la modernidad. En este contexto, la producción campesina y las estrategias de sobrevivencia no solo sostienen la economía local, sino que también representan un acto de resistencia frente a las presiones de un sistema que pone en peligro tanto la seguridad alimentaria como la biodiversidad. Las mujeres de Contla, con su fuerza y dedicación, encarnan la defensa del territorio y el compromiso por mantener una relación armónica con la naturaleza, a pesar de la llamada "guerra contra la naturaleza", que pone en riesgo sus recursos y su forma de vida.
La economía campesina en esta comunidad, liderada en gran medida por mujeres, no solo asegura la subsistencia diaria, sino que también preserva los saberes ancestrales y la identidad cultural. Sin embargo, esta lucha tiene un costo, ya que las mujeres asumen cargas desproporcionadas que combinan el trabajo productivo, el cuidado del hogar y el liderazgo comunitario.
Es crucial reconocer que el camino hacia la igualdad y la sostenibilidad en el ámbito rural requiere un enfoque integral que valore la contribución de las mujeres, pero que también las libere de cargas injustas. Un cambio estructural que promueva políticas inclusivas, apoyo económico y acceso a tecnologías adaptadas puede transformar las condiciones de vida en estas comunidades. Solo así será posible garantizar un equilibrio justo entre las responsabilidades, la defensa del territorio y el desarrollo económico.
En definitiva, la historia de Contla nos enseña que la verdadera transformación que comienza con el reconocimiento del papel crucial de las mujeres en el desarrollo rural. Es a través de su resiliencia y compromiso que la comunidad logra enfrentar las adversidades y proyectar un futuro donde la igualdad, la sostenibilidad y la defensa de la tierra sean posibles.
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